jueves, 20 de julio de 2017

Presentación de Poetas, voladores de luces, de Enrique Lihn



Les invitamos a la presentación del libro Poetas, voladores de luces de Enrique Lihn, a realizarse este domingo 23 de julio a las 18:30 hrs. en la sala 2 del Cine Arte Alameda (Avenida Libertador Bernardo O´higgins #139, segundo piso, Santiago).

La actividad se realiza en el marco de la Feria del libro independiente y autogestionado, FLIA Chile.

Comentarán el libro Juan Santander y Andrés Florit. 

lunes, 10 de julio de 2017

Hay sólo dos países: el de los sanos y el de los enfermos





Hay sólo dos países: el de los sanos y el de los enfermos

Hay sólo dos países: el de los sanos y el de los enfermos
por un tiempo se puede gozar de doble nacionalidad
pero, a la larga, eso no tiene sentido
Duele separarse, poco a poco, de los sanos a quienes
seguiremos unidos, hasta la muerte
separadamente unidos
Con los enfermos cabe una creciente complicidad
que en nada se parece a la amistad o el amor
(esas mitologías que dan sus últimos frutos a unos pasos del hacha)
Empezamos a enviar y recibir mensajes de nuestros verdaderos conciudadanos
una palabra de aliento
un folleto sobre el cáncer





jueves, 15 de junio de 2017

Enrique Lihn, Las cartas de eros [Por Patricio Jara]




(Por Patricio Jara Morales, magíster en literatura y periodista)

Las cartas de Eros (Ediciones Overol, 2016) reúne seis epístolas escritas a principios de los años ochenta por el poeta chileno Enrique Lihn Carrasco (1929-1988). Cinco de ellas permanecían inéditas hasta hoy, siendo la carta dirigida a Gabriela Mistral la única de la cual se tenía registro. Esta apareció en 1997 gracias al esfuerzo editorial de Germán Marín, quien la incluyó en su compilación de textos de crítica literaria del autor, la cual denominó El circo en llamas.

La misiva dedicada a la insigne maestra de escuela, poetisa y diplomática, es la única que posee una destinataria real, o al menos alguien cuya existencia en carne y hueso había sido evidente en el curso de los acontecimientos. Lo interesante del volumen, o quizás lo decididamente atractivo y cautivador de este libro, es que el poeta Enrique Lihn dirige las otras cinco cartas a mujeres imaginarias, a las cuales convoca a través del arte de la palabra. Tal invocación es casi fantasmal, ya que corresponde a seres que en algún minuto fueron amigas o amantes del escritor (es decir, existieron, tal como la Mistral) pero que, en el momento de la escritura, asoman como musas verbales, protagonistas de pequeñas historias que el poeta intenta reconstruir en el lenguaje, por influjo de la nostalgia, el desamor, la ternura, la admiración y otras necesidades.

“Como en otros casos escribo una carta imaginaria dirigida a alguien que, en alguna parte, es de verdad y aquí una ficción, un simulacro, una figura de papel”, le dice Lihn a Adelina, una de sus imposibles destinatarias. Las experiencias compartidas, los recuerdos, las situaciones que el narrador evoca en estos escritos, suelen figurar como “una historia hecha de nada”, momentos que fueron o no fueron en escenarios también espectrales, “una ciudad muda, que no te recordaba nada” se enuncia en la carta a Consuelo.

La ternura es quizás el sentimiento más llamativo que aflora en ciertos pasajes de estas misivas, considerando la imagen ácida y mordaz que se tiene de la figura de Enrique Lihn. Quien sepa leerlo, sabrá que aquellas cualidades hacen juego en el autor con una hermosa y sincera sensibilidad, generándose en ese encuentro (amoroso, podría decirse) escrituras de un talante muy admirado hoy en día. “Espero que estés convaleciendo de tus varios males de amor. Seguramente ya estarás preparándote para contaminarte con otros nuevos”, le decía un amigo a Lihn. “Ese contagio fuiste tú”, le confiesa el poeta a Teresa, su “hada madrina”. Y en una de las cartas más conmovedoras, le declara su amor a Gabriela como “una relación erótica entre mi cuerpo y el tuyo –ambos verbales– porque estamos hechos de palabras. El uno para el otro”.

Las cartas de Eros es un pequeño volumen que invita a reconocer fragmentos de la intimidad de un autor que imbricó, de manera magistral, vida y literatura a través de sus diversas creaciones artísticas. Las cualidades fundamentales de su poética se visualizan en estos textos, lo que permite hacerlos dialogar o releerlos en relación con otras de sus obras, por ejemplo, los poemas de amor que caracterizan Al bello aparecer de este lucero, publicado en 1983 y escrito seguramente a la par con estas cartas que hoy ven la luz.


lunes, 27 de febrero de 2017

Sobre Lihn. Ensayos biográficos por Gabriel Ruiz Ortega



(CRÍTICA) Quizá este sea uno de los libros que ansiaba leer desde el anuncio de su publicación. Por un lado, en el libro se aborda a uno de los más grandes poetas chilenos del Siglo XX. Al respecto, cuando hablamos de la tradición poética chilena, debemos hacerla con respeto y, en cierta medida, con excesiva atención. La razón es muy sencilla: esta tradición aún conserva frescura y fuerza, documentado en un legado de influencia en la poesía escrita en español durante el siglo anterior, como también en una proyección epifánica e invisible en los nuevos poetas iberoamericanos de los últimos quince años. A diferencia de otras tradiciones poéticas, la chilena se resiste a envejecer gracias a sus lectores que sí saben leer a sus poetas referenciales, o de culto, asumiendo el legado de su médula escrita.


Por:
Gabriel Ruiz Ortega

De los poetas chilenos que frecuento, Enrique Lihn es uno de ellos. No lo pienso mucho, es pues el poeta que, en lo personal, más sintoniza conmigo. Además, Lihn es una presencia estratégica en no pocos poetas latinoamericanos, bueno, esas son las ventajas de tener una librería y recibir la visita de poetas de muchísimos lugares del mundo, con los que hablas de poesía y cruzas información de poetas satélites, siendo Lihn uno de los satélites más mencionados. La poesía de Lihn habla y transmite hacia adelante, su poética exhibe un desenfado y frescura sólidos que estimulan y no solo a los poetas jóvenes, sino también a los más trajinados.

Eso, por un lado, Lihn.
Por el otro, Roberto Merino.
Sigo a Merino desde hace varios años, quizá en silencio, un silencio injusto porque he debido promocionarlo más entre los lectores peruanos, pese a que en su momento reseñé su imprescindible Pista resbaladiza. Merino, algunas señas, es poeta, rockero, editor y un atento y crítico observador de la realidad. A la fecha es un maestro de la crónica de opinión. Merino ha hecho del híbrido un lisérgico cóctel de revelaciones en donde todos los tópicos sobrepasan la inmediatez de la publicación periódica para asentarse en una tentativa de trascendencia. De lo que mira, lee, escucha y habla, el chileno dicta cátedra de escritura literaria de alta y contundente calidad.

En Lihn. Ensayos biográficos (Ediciones UDP, 2016), Merino nos entrega un acercamiento al autor de La pieza oscura, o llámalo también un perfil fragmentado. No estamos ante una biografía exhaustiva que recorre el sendero vital y poético de Lihn, sino ante un texto que nos permite entender a la persona detrás de la obra, a la leyenda que amenaza con imponerse en el imaginario de los lectores. Ese es el peligro que corren los poetas como Lihn, ser presos de sus leyendas, mientras más grande es el poeta, su leyenda es más llamativa. Merino no quiso reforzar la leyenda, por ello se aboca a los pasajes y estaciones vitales más importantes de su vida. Merino nos cuenta que a Lihn le gustaba caminar durante horas por Santiago, casi siempre sin rumbo específico, sencillamente se dejaba llevar por la intuición, también nos relata sobre la especial relación que el poeta tenía con su abuela, sus padres, su hija Andrea, sus mujeres y con otros escritores. Esta cadena de relaciones, pautadas por cambios que iban de la tranquilidad a la exaltación, nos configura un hombre excesivamente volado. Lo suponemos en principio, pero luego arribamos a la certeza, porque los ensayos “Familia”, “Habla”, “Animales” y “Vida doméstica” conforman una galaxia minada de asteroides Lihn y meteoritos Lihn que se estrellan entre sí. Entonces no nos sorprende su forma de ser, y vamos entendiendo de a pocos su rebeldía festiva con la vida. Para comprender lo que digo, sugiero la lectura del ensayo “Peleas”, que entre líneas es mucho más que su truncado duelo con el no menos grande Jorge Teillier.

Merino no lo cuenta todo, solo sugiere, consignando datos y testimonios de algunas personas que conocieron a Lihn, sus testimonios no son muchos, solo hablan y participan los que sí tienen algo que decir, sin caer en el lugar común y la anécdota idiota, a saber, uno: el muy buen narrador Germán Marín. En cada una de estas páginas nos hechiza una luz, por demás extraña pero mágica. Lihn se erige como una figura inigualable, como uno de esos tocados que aparecen cada cincuenta años, cuyo paso por el mundo marcó definitivamente a más de uno, a Merino, por ejemplo, que está a la altura de este proyecto. Sus ensayos debemos disfrutarlos como pequeñas y peligrosas dosis de literatura y vida, pero eso sí, nos hubiese gustado tres dosis más, es decir, un coqueteo arriesgado de la peligrosa sobredosis Lihn.
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